In the diplomatic arena it often happens that what is unseen tends to carry more political weight. Much more than what is seen on the news. These days, television channels have followed María Corina Machado as she toured Madrid and, certainly, the optics were undeniably electric. In the capital of Spain, crowds appeared cheering the Caracas-born woman in Puerta del Sol, with fiery rhetoric alongside the leadership of the Partido Popular (PP) and Vox, and the sense of being a “president in waiting”. But, behind the heavy doors of the Moncloa Palace and behind the curtains of the Zarzuela Palace —where cameras did not reach—, the atmosphere was much more somber.
Merece la pena poner la estrategia de María Corina en perspectiva. En cierto modo, todo empieza bien cuando, en la toma de posesión del presidente Kast en Chile, María Corina se reúne con Felipe VI. Una “entrada” a través del jefe del Estado era el mejor punto de partida, especialmente porque atravesamos momentos muy complejos de la política española. Y, sobre todo, porque el rey es una figura vista como neutral y que supo reconocer el incansable trabajo de la opositora en favor de la democracia. Sin embargo, lo que empezó bien se quedó solo en un inicio prometedor. En el presente, la estrategia de María Corina ha quedado muy perjudicada por el error que ha supuesto el rechazo a una reunión con el presidente del Ejecutivo español durante su visita.
“The opposition leader could have exchanged her best institutional shield for a fleeting moment of partisan applause”
No se trata simplemente de haber perdido una fotografía útil (y posiblemente necesaria para su causa). Para Machado —una mujer que reclama el liderazgo de la unidad nacional y la restauración democrática—, la decisión de puentear a Pedro Sánchez es un error estratégico. En la compleja triangulación entre Madrid, Bruselas y un Washington liderado por Donald Trump, la opositora podría haber canjeado su mejor escudo institucional por un momento fugaz de aplauso partidista.
The President of Everyone?
Un requisito fundamental para cualquier líder que persiga reemplazar a un dictador es el de generar una transición de líder de la resistencia a estadista. Es decir, postularse no solo como representante legítimo de la soberanía popular, sino también como conductor de un proyecto político viable. La primera parte encaja, porque el argumento central de Machado ante la comunidad internacional es que ella representa a la “verdadera” Venezuela: no a una facción, sino a una nación.
Sin embargo, al limitar sus compromisos oficiales en Madrid a los aliados ideológicos de la derecha y la derecha radical —por cierto, esta última cada día más crítica con el rey de España—, María Corina ha “partidizado” de facto la causa venezolana. En España, la Presidencia es una institución, no solo una persona, e ignorar a Pedro Sánchez es ignorar a millones de ciudadanos.
Las diferencias ideológicas son bien conocidas. Pedro Sánchez y el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero no navegan con la misma brújula que María Corina y Edmundo González. Ahora bien, si Machado no tiene la resolución pragmática de sentarse a una mesa con un socialdemócrata en Madrid, es lógico que muchos se pregunten cómo pretende gestionar la delicada y a menudo sucia tarea de negociar con los restos del aparato chavista en Caracas.
“Pedro Sánchez is the president of a country that is precisely currently regularizing —that is, dignifying— the lives of between 150,000 and 200,000 Venezuelans”
Por cierto, un inciso. Nos guste o no, Pedro Sánchez es el presidente de un país que está precisamente en estos momentos regularizando —es decir, dignificando— la vida de entre 150.000 y 200.000 venezolanos. Y España es el país de la UE en el que más venezolanos viven, con diferencia. Esto lo ha reconocido recientemente otro opositor de una corriente ideológica muy distinta a la de Sánchez: Leopoldo López. Porque si Caracas es un centro político de la oposición venezolana, Madrid es otro.
La Unión Europea entra en la ecuación
Hay que mirar también hacia Bruselas. España no es un actor periférico en el expediente latinoamericano. Más allá de los lazos históricos, hay que recordar que el presidente del Gobierno de España ocupa una de las veintisiete sillas del Consejo de la UE. Para Machado, el cálculo debería haber sido simple: España es uno de los guardianes de la legitimidad europea.
“By distancing herself from the prime minister, Machado has silenced her own voice at the table where real decisions are made”
Mientras que el Parlamento Europeo puede aprobar resoluciones simbólicas a su favor, es el Consejo —donde Sánchez tiene voto y capacidad de maniobrar con sus homólogos en Berlín y París— el que decide sobre la renovación de sanciones, el reconocimiento formal de resultados electorales y el despliegue de misiones diplomáticas. Al distanciarse del presidente del Gobierno, Machado ha silenciado su propia voz en la mesa donde se toman las decisiones reales. Es bueno no olvidar que la UE puso la política latinoamericana sobre la mesa a partir de el momento en que España se incorporó a la UE hace ya cuarenta años. No fueron ni Francia ni Italia los que hicieron posible esta política.
The Shadow of Trump and the European Shield
Mirando al otro lado del Atlántico, aparecen incertidumbres que el equipo de María Corina lleva tiempo analizando. Existe un temor palpable en muchas capitales europeas de que las decisiones de Trump conduzcan a una política desorganizada o puramente extractiva hacia Caracas, ignorando las aspiraciones democráticas del pueblo venezolano. En consecuencia, hay que preguntarse: ¿puede el equipo de María Corina descartar al 100% que Trump termine por no apostar por unas elecciones democráticas?
España, de la mano de su presidente, es uno de los países más activos en la oposición a Trump, y Machado, en su particular relación con el presidente norteamericano, podría haber “utilizado” su reunión con Pedro Sánchez. En realidad, Sánchez puede ser —irónicamente— su póliza de seguro más eficaz: dado que quiere que la Unión Europea se mantenga firme contra cualquier movimiento errático de Washington, necesita que la EU tenga la estatura moral y política para desafiar el unilateralismo de la Casa Blanca.
A misreading of Spanish domestic politics
La líder venezolana también se equivoca si miramos exclusivamente a la agenda española. En la rígida jerarquía del protocolo español, todo emana del Ejecutivo. Al evitar el encuentro con Sánchez, Machado se ha cerrado en esta visita las puertas de la Zarzuela. Con su decisión, eligió el calor efímero de un mitin político sobre la moneda dura del reconocimiento institucional, a pesar de que pudo haber tenido ambas.
“Machado’s advisers probably believed that backing herself exclusively on the PP and Vox would project strength, perhaps with an eye on the polls”
También está la cuestión de la óptica nacional. Los asesores de Machado probablemente creyeron que apoyarse exclusivamente en el PP y Vox proyectaría fuerza, quizá con un ojo puesto en las encuestas. Cuando Machado aparece sola en los balcones del gobierno regional del PP, corre el riesgo de alejar a los sectores de centroizquierda tanto del electorado español como de la comunidad venezolana. En otras palabras, su planteamiento permite e impulsa que su causa sea utilizada como un arma arrojadiza en la política doméstica española. Este tipo de tácticas rara vez rinde dividendos diplomáticos a largo plazo.
Let’s Talk Audacity. Let’s Talk Diplomacy
María Corina Machado es, sin duda, una figura de inmenso valor político y personal. Su capacidad para movilizar a una nación rota es inigualable. Sin embargo, su visita a Madrid sugiere una brecha preocupante entre su capacidad opositora y los requisitos diplomáticos de una futura presidenta.
Un estadista debería entender que no se elige a los interlocutores basándose en la pureza ideológica; se interactúa con ellos basándose en su poder para ayudar a su pueblo. Pedro Sánchez ostenta ese poder. Él tiene el voto en Bruselas, el oído de los líderes europeos y es clave para acercarla a la Zarzuela.
Si el objetivo de Machado era energizar a su base, lo ha logrado. Pero si su objetivo era construir el marco internacional para una transición estable, reconocida y sancionada democráticamente en Venezuela, ha fallado. La puerta probablemente estaba entreabierta, o al menos era una puerta que podría haberse forzado con la finura diplomática adecuada. Al pasar de largo, Machado ha perdido una reunión, pero sobre todo ha perdido una ocasión para ganarse a la mayoría del pueblo de España y demostrar que está lista para liderar una nación.
“Propongo un proceso de reencuentro y de perdón basado en la justicia y sin ningún tipo de resentimiento”. Este, que es el titular de una entrevista que le hice a María Corina Machado, podría ser también el titular de la noche electoral en la que gane las elecciones: también porque personas como yo la votaríamos, aun no coincidiendo con ella en muchas cosas, y porque es una frase a la que los españoles damos, por razones históricas, mucha importancia. Solo con reencuentro interno y externo se podrá construir una Venezuela democrática y libre.