Democratic Establishment Wins in Wisconsin, but the Radical Wave Keeps Advancing

August 13, 2026

No fue solo una frase, fue un gesto de ruptura: en 2020, Francesca Hong dijo que Thanksgiving era la celebración del colonialismo y que Estados Unidos debía dejar de festejarlo. Desde entonces, se convirtió en la mujer incómoda de la política estadounidense, la que no teme decir lo que otros callan, la que se atrevió a cuestionar no solo las instituciones sino los símbolos. Y, en Wisconsin, esa voz radical se transformó en candidatura: la chef que se volvió legisladora, la hija de inmigrantes coreanos que dejó la gastronomía para desafiar al establishment.

En las primarias para la gobernatura estatal, celebradas hace un par de días, Hong perdió ante David Crowley (nacido en 1986), el moderado bendecido por Tony Evers (el actual gobernador demócrata de ese estado) y por el aparato demócrata. Pero ¿realmente perdió? Oficialmente, los resultados dieron el triunfo a Crowley por un estrechísimo margen, uno que suena más a suspiro que a victoria. Apenas unos miles de votos separaron a la continuidad del terremoto. Y ese resultado, lejos de tranquilizar, abre todo un abanico de interrogantes incómodos: ¿qué significa que una candidata que se asume socialista, que habla de reducir sustancialmente los fondos para la policía y, en un futuro utópico, abolir las prisiones haya estado a punto de conquistar la candidatura demócrata en un estado bisagra? Puestas las cosas de esa manera, la mínima victoria de Crowley no despeja esas dudas: las multiplica.

“Francesca Hong es hija de su tiempo, uno marcado por los ímpetus de transformarlo todo de maneras abruptas”

Francesca Hong (nacida en 1988) es hija de su tiempo, uno marcado por los ímpetus de transformarlo todo de maneras abruptas. Su figura representa todo lo contrario a la política tradicional. Tiene un discurso incómodo, frontal. Sin embargo, en Wisconsin, con eso no le fue suficiente para abanderar al partido azul. Ahora bien, hay que subrayar que, en términos generales, en la política es imprescindible comprender cómo funcionan las redes y los apoyos dentro de los mismos partidos: Estados Unidos no es la excepción; de hecho, esa es una ruta clave para entender el intríngulis del funcionamiento partidista en ese país. Dicho lo anterior, y remarcando que el resultado a favor de Crowley fue por solo un puñado de votos, cabe destacar que Hong no recibió el apoyo de varias figuras fundamentales en esta nueva ola de progresistas, como Alexandria Ocasio-Cortez (congresista demócrata por Nueva York, que, desde 2019, se ha convertido en una de las voces más explosivas de la nueva izquierda de Estados Unidos), Abdul El-Sayed y Bernie Sanders (uno de los rostros más visibles y mediáticos del socialismo democrático estadounidense; formalmente no pertenece al Partido Demócrata, pero es una figura clave del ala radical en el Congreso).

Medios como POLITICO han señalado que una de las causas de ese distanciamiento interno, de esa falta de pronunciamiento y apoyo de “las estrellas de la izquierda”, fue el miedo. Sí, miedo a la falta de certeza sobre la “nitidez” del discurso de Hong, así como la preocupación por el impacto electoral debido a polémicas como la de la cancelación del Thanksgiving (que, siendo un símbolo nacional de cofradía, de hermanamiento de los pueblos que dieron origen a la nación estadounidense, hizo saltar las alarmas dentro del mismo Partido Demócrata) o sobre las reacciones que tendría su discurso tan crítico hacia las fuerzas de seguridad.

En resumen, vemos que Wisconsin, lo mismo que Míchigan, son laboratorios del funcionamiento interno de los partidos y de la sociedad. Ambos son swing states, es decir, pendulares o bisagra. Ambos, en 2016, dieron su voto a Donald Trump; en 2020, cambiaron la apuesta hacia Joe Biden; sin embargo, en 2024, la mayoría se decidió nuevamente por Trump. Casos como estos son los que deciden una elección o reconfiguran el mapa del poder en el Congreso en elecciones como las midterms. En ello radica la importancia de estas primarias y, por supuesto, también la relevancia de que la victoria de Crowley haya sido por apenas unos cuantos votos. Si la sociedad está cada vez más polarizada, definitivamente lo está reflejando en las urnas.

The ‘establishment’ won, but the radical force doesn’t stop

Retomando el argumento de POLITICO, la ausencia de apoyos para Francesca Hong por parte de las figuras clave de la nueva ola demócrata revela, por una parte, tensiones internas: el progresismo nacional teme que un triunfo demasiado radical en Wisconsin pueda convertirse en un arma para los republicanos en las elecciones federales. Y, de acuerdo con no pocas voces, la soledad de Hong en la campaña fue también la medida del miedo que provoca su agenda.

“La ausencia de apoyos para Francesca Hong por parte de las figuras clave de la nueva ola demócrata revela tensiones internas: el progresismo nacional teme que un triunfo demasiado radical en Wisconsin pueda convertirse en un arma para los republicanos”

No obstante, a pesar de que el establishment ganó, el “tsunami” radical sigue avanzando: no se puede negar, en términos de representatividad, que Crowley ganó la elección por una diferencia que ni siquiera alcanzó un punto porcentual. Fueron, literalmente, décimas las que hicieron la diferencia: el moderado obtuvo el 39,78 % del escrutinio, mientras que Hong cerró con el 39,32 %. Más allá de las cifras, lo que se refleja en la calle es que Francesca Hong mostró que existe un electorado muy dispuesto a escuchar propuestas que hasta hace poco parecían impensables, demasiado improbables: redistribución fiscal agresiva, cuestionamiento de las instituciones policiales, redefinición de las festividades nacionales y los símbolos patrios, así como la reinterpretación de los elementos vertebrales de la sociedad. Independientemente de la diferencia porcentual que definió las primarias demócratas, que esa agenda haya estado tan cerca de imponerse en Wisconsin habla de que ya hay un cambio cultural con marcada profundidad y de una fractura social que no se resuelve (ni se calla) con un triunfo tan ajustado.

Como ya lo hemos sostenido en Agenda Pública, en menos de tres meses, en las elecciones de medio mandato, los votantes del Partido Demócrata se enfrentarán a un dilema: seguir apostando por la moderación que garantiza cierta estabilidad o abrirle paso a un radicalismo que moviliza a jóvenes y minorías pero que asusta a los votantes indecisos. Lo cierto es que la derrota de Hong no borra su protagonismo: lo subraya. Porque si en Wisconsin estuvo a punto de ganar, ¿qué puede pasar en otros estados donde la frustración social es aún más intensa, en donde la fractura social es de dimensiones abismales, en donde la contención por la paz social está detenida con alfileres? La respuesta a esa interrogante sugiere escenarios que, lejos de mostrar un panorama esperanzador, muestran “fotografías” de un país que quizá está entrando en una revolución estructural de dimensiones no vistas en generaciones.

El futuro inmediato de los demócratas se está jugando en esa tensión. En esta ocasión, hablamos de lo sucedido en Wisconsin, donde ganaron la continuidad y la mesura, pero donde la posibilidad del terremoto sigue latente y más viva que nunca. Y, aunque el establishment logró contenerlo, sigue ahí, vibrando bajo la superficie, esperando la próxima oportunidad para sacudir a la política estadounidense.

Tiffany, el rival que avasalló en las primarias republicanas

Tom Tiffany (nacido en 1957) es un hombre del norte de Wisconsin. Se trata de alguien que aprendió a hablar el lenguaje del mundo rural y de los agricultores antes de entrar en el Congreso. En las primarias republicanas, su victoria fue simplemente un trámite: ganó con más del 95 % de los votos, como si el resultado pareciera escrito de antemano.

“El perfil de Tom Tiffany es el de un conservador clásico: defensor de las familias y de la gente del campo, de los trabajadores que sienten que el Estado les pesa más de lo que los ayuda”

Él no tuvo que pelear mucho por esa victoria: el aparato de su partido, así como el respaldo de Donald Trump, lo habían ungido mucho antes de que los simpatizantes republicanos depositaran las papeletas. Su perfil es el de un conservador clásico: defensor de las familias y de la gente del campo, de los trabajadores que sienten que el Estado les pesa más de lo que los ayuda. Habla de reducir las regulaciones y los impuestos, de devolver “el sentido común” a la política y, por supuesto, de proteger los valores tradicionales. La seguridad de su discurso no es otra que la de un hombre que sabe que detrás de él está Donald Trump, es decir, el presidente que ya lo bendijo como su hombre en Wisconsin.

Así es Tiffany, el candidato republicano que arrasó en las primarias sin apenas oposición. Él es el rostro de las “América profunda” que buscará frenar a Crowley y, por supuesto, apagar el “fuego” del radicalismo que Hong ha encendido. Eso, en un estado que, como ya lo mencionamos, ha oscilado como péndulo entre rojos y azules. Y su figura es la apuesta más clara de lo que los estadounidenses más conservadores quieren, en pocas palabras: Make America Great Again.

Natalie Foster

I’m a political writer focused on making complex issues clear, accessible, and worth engaging with. From local dynamics to national debates, I aim to connect facts with context so readers can form their own informed views. I believe strong journalism should challenge, question, and open space for thoughtful discussion rather than amplify noise.