From the Russian invasion of Ukraine, the European Union has built or strengthened a dense architecture of defense and the defense industry: the European Defence Fund (EDF), the Regulation on Support for Ammunition Production (ASAP), the Instrument for the Reinforcement of the European Defence Industry through Joint Purchases (EDIRPA), the European Peace Facility (EPF), the Instrument for Action on European Security (SAFE), the European Defence Industry Programme (EDIP) and the White Paper on European Defence – Preparing 2030.
Collectively, they represent a significant expansion of European collective action and defense investment. However, European citizens are unaware of these instruments and do not perceive how they fit together into a coherent whole. This is not only a communication problem, but the symptom of a situation in which the Member States have preferred not to comprehensively address what EU defense policy should be, defining who defends whom and in what manner.
“The Member States have preferred not to address comprehensively what EU defense policy should be”
The Commission’s forthcoming European Security Strategy should offer an answer. The war has exposed the scarcity of European reserves and industrial capacity after decades of assuming that the United States would guarantee our security. The return of Donald Trump to the White House has made that security guarantee precarious. A European Security Strategy must chart a path toward a European defence system — also as a European pillar of NATO — and toward strategic autonomy.
Nada de esto exige que la Unión compita con la OTAN, ni mucho menos que la sustituya. Exige que la UE deje de tratar la defensa territorial como una responsabilidad ajena. A tal efecto, reforzar los acuerdos Berlín Plus UE-OTAN para que el SHAPE (el cuartel general de la Alianza) pudiera convertirse en una instalación de mando estratégica compartida también para las operaciones dirigidas por la UE profundizaría la cooperación con la OTAN, no la eludiría. También necesitamos un verdadero acuerdo de cooperación UE-OTAN, incluyendo la cooperación en materia de estándares, actualmente bloqueado por Turquía a causa del conflicto de Chipre.
Pero para cooperar en pie de igualdad, la UE necesita algo que aportar a la mesa. La propia Capacidad Militar de Planificación y Ejecución de la UE (MPCC, el embrión de cuartel general europeo) fue concebida originalmente para mandar una única operación ejecutiva a escala de grupo de combate (en torno a 1.500 efectivos), junto a sus misiones de entrenamiento no ejecutivas. Desde mayo de 2025, la MPCC ha sido también designada para mandar la nueva Capacidad de Despliegue Rápido, una fuerza de hasta 5.000 efectivos, pero sin un aumento proporcional de personal ni de infraestructura, y no está preparada ni siquiera para escenarios moderados que pusieran a prueba la cláusula de asistencia mutua del artículo 42.7. Esa cláusula se invocó una sola vez, por Francia tras los atentados terroristas de noviembre de 2015, y lo que siguió fue esencialmente una improvisación bilateral entre socios dispuestos.
De ello se derivan dos consecuencias distintas. En primer lugar, la MPCC debe dotarse de los recursos adecuados para desempeñar la función que los tratados ya le asignan: planificar y ejecutar las llamadas misiones Petersberg de cualquier dimensión requerida, como pueden ser operaciones conjuntas de desarme, tareas humanitarias y de rescate, tareas de asesoramiento y asistencia militar, prevención de conflictos y mantenimiento de la paz, tareas de fuerzas de combate en gestión de crisis, incluidas las de imposición de la paz, y estabilización posconflicto.
“The MPCC must be equipped with the resources adequate to perform the function that the treaties already assign to it”
En segundo lugar, dotar de contenido real a la cláusula de asistencia mutua requiere, a medio plazo, una fuerza europea permanente a una escala comparable a la Fuerza de Reacción Rápida de 60.000 efectivos decidida por el Consejo Europeo de Helsinki en 1999 y nunca implementada, pero con un propósito más amplio: fuerzas designadas para la defensa colectiva del territorio europeo y alineadas con la planificación de la OTAN, y, por tanto, no solo para misiones Petersberg en el exterior.
La ausencia de capacitadores estratégicos importantes constituye asimismo una debilidad que socava cualquier aspiración de autonomía estratégica en materia de defensa. La nueva Estrategia de Seguridad debería proponer un camino hacia su adquisición conjunta. Las empresas comunes de la UE (joint undertakings) pueden ser un instrumento adecuado, ya que implican tanto a la Comisión como a los Estados miembros, que desean mantener un papel esencial en los asuntos de defensa.
“Dotar de contenido real a la cláusula de asistencia mutua requiere, a medio plazo, una fuerza europea permanente”
Todos estos objetivos deberían relanzarse en la nueva estrategia, que no puede detenerse en las capacidades industriales, por necesarias que sean. El artículo 42.2 del TUE ya contempla una defensa común europea como objetivo del tratado, compatible con la OTAN. Lo que se necesita es un libro blanco que le dé forma institucional a este proyecto, del mismo modo que Preparación 2030 lo hizo para la dimensión industrial. Cuando la unanimidad entre los Veintisiete para una defensa común al amparo del citado artículo no sea posible, los tratados prevén un instrumento a través del cual los Estados miembros dispuestos pueden avanzar: una Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) nueva y más ambiciosa al amparo de los artículos 42.6 y 46. Una estrategia que enumere cuidadosamente cada instrumento construido hasta ahora, sin nombrar ese estado final, habrá descrito el mobiliario de la defensa europea, dejando sin respuesta quién se supone que debe habitar la casa, y cuál es su forma y dimensión.