Restoring the Welfare State for a Different Generation

September 30, 2026

El Estado del bienestar en Europa ha atravesado crisis económicas, transformaciones demográficas, cambios tecnológicos y profundas modificaciones del mercado de trabajo. Su resiliencia constituye, en sí misma, un dato relevante. También lo es comprobar que esos principios parecen conservar una considerable vigencia entre las generaciones más jóvenes de acuerdo con las últimas olas de la European Social Survey.

Podría suponerse que quienes han crecido en un contexto muy diferente al que dio origen a los grandes sistemas europeos de protección social se sientan menos vinculados a ellos, lo cual puede estar favoreciendo el crecimiento del escepticismo e incluso una cierta oposición al proyecto europeo de la mano de nuevos populismos. Sin embargo, los datos dan una imagen distinta.

Los resultados de la Encuesta Social Europea 11 (oleada 4.2) muestran que los jóvenes españoles mantienen un compromiso significativo con los valores que asociamos al Estado del bienestar. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, alrededor del 65% se muestra favorable a reducir las diferencias de ingresos. Aproximadamente el 88% considera importante que las personas tengan las mismas oportunidades en la vida y cerca del 87% concede importancia a ayudar y preocuparse por el bienestar de quienes les rodean.

“Los jóvenes españoles mantienen un compromiso significativo con los valores que asociamos al Estado del bienestar”

But the persistence of these values should not lead us to think that their continuity is guaranteed. There are elements that raise worries. Among them are the aging population, which strains the balance between contributors and beneficiaries; the transformation of the labor market, which changes career paths and contribution bases; or the current technological change, capable of altering both employment and the distribution of incomes. One could also say that fiscal competition forces reconciling growing social needs with limited resources. Added to this are a diminished trust in some institutions and the possibility that the perception that the costs and benefits of the system are distributed fairly among groups and generations could weaken.

Ninguna de estas amenazas implica que vaya a darse un agotamiento del Estado del bienestar. Pero está claro que sugieren que su conocida capacidad de resistencia tendrá que seguir poniéndose a prueba.

From a generation that benefited to a generation that must find its own

Los nacidos en España en los años setenta vivieron y se beneficiaron de una importante consolidación del Estado del bienestar nacional. La expansión de la sanidad y la educación, el desarrollo de la protección social, la extensión de las pensiones o la mejora de numerosos servicios públicos no fueron para nuestra generación únicamente construcciones institucionales heredadas. En buena medida, hemos podido experimentar sus beneficios y comprobar cómo ampliaban oportunidades y proporcionaban protección frente a determinados riesgos (crisis económicas, desempleo, pandemia, etc.).

Para quienes nacieron años después, la perspectiva es necesariamente diferente. El Estado del bienestar forma parte del escenario institucional que encontraron al nacer. Sus logros pueden resultar menos visibles precisamente porque muchos de ellos se dan por supuestos, mientras que sus limitaciones se experimentan directamente.

Y esas limitaciones aparecen, además, en un ciclo vital diferente. El modelo que conocemos se desarrolló alrededor de una trayectoria reconocible: estudiar, incorporarse al empleo, formar un hogar y contribuir a un sistema que proporcionaba protección frente al desempleo, la enfermedad o la vejez.

Para una parte importante de los jóvenes, esa trayectoria antes tan clara comienza a romperse. La incorporación estable al mercado de trabajo sigue retrasándose, mientras que el acceso a la vivienda dificulta la emancipación y adquieren importancia la incertidumbre profesional, la conciliación, las transiciones entre empleos o la necesidad de actualizar continuamente las competencias ante el cambio tecnológico.

Es precisamente en esta combinación (un Estado del bienestar resiliente, cuyos valores continúan siendo apreciados, pero sometido a nuevas amenazas, y una generación con experiencias diferentes) donde cobra sentido hablar de restauración. Restaurar no significa volver al pasado. Una restauración cuidadosa trata de conservar aquello que sigue teniendo valor, pero acepta modificar lo necesario para que pueda continuar cumpliendo su función. Aplicado al Estado del bienestar, podría significar recuperar y actualizar algunos de los elementos que han contribuido a sostenerlo: reciprocidad, responsabilidad, confianza y capacidad de adaptación.

Restoration de la confianza, pero también responsabilidad

Las personas no evaluamos las políticas sociales únicamente mediante un cálculo de costes y beneficios. En nuestros juicios intervienen también percepciones sobre contribuyentes, receptores, quién necesita las ayudas y si nosotros mismos contará con el amparo del sistema cuando lo necesitemos.

La literatura sobre el “merecimiento” muestra precisamente que la disposición a apoyar determinadas políticas está relacionada con la forma en que percibimos a sus beneficiarios. Aquí influyen su necesidad, el grado de control sobre su situación, su actitud o la reciprocidad que percibimos en su relación con la comunidad.

Desde esta perspectiva, el Estado del bienestar puede entenderse como un enorme contrato de cooperación entre personas que, en su mayoría, no se conocen. Contribuimos mientras estamos ocupados para proteger a quienes pierden su empleo; mientras estamos sanos, a quienes enferman; y durante nuestra vida laboral, a quienes ya se han retirado. No esperamos una devolución inmediata y exacta, pero sí existe una cierta expectativa de reciprocidad.

“El Estado del bienestar puede entenderse como un enorme contrato de cooperación entre personas que, en su mayoría, no se conocen”

Aquí aparece una cuestión especialmente relevante para las nuevas generaciones. Su relación con el Estado del bienestar no puede limitarse a percibir sus principios como deseables ni a valorar si sus instituciones funcionan eficazmente. Para que el pacto continúe, es necesario también reconocerse como parte responsable de su funcionamiento. El Estado del bienestar es también una construcción colectiva que requiere contribuciones, cumplimiento de las reglas, utilización responsable de los recursos comunes y participación en las decisiones sobre cómo deben distribuirse los recursos. Los derechos constituyen una parte esencial del pacto; la responsabilidad de contribuir a hacerlo posible constituye la otra.

Esto resulta especialmente importante si queremos que las nuevas generaciones no sean únicamente destinatarias de una restauración diseñada por otros. Su implicación en la definición de nuevos riesgos, en la evaluación de las políticas y en las decisiones sobre prioridades puede contribuir a que reconozcan el Estado del bienestar como una institución propia y no simplemente como una herencia recibida.

Restaurar la confianza y la capacidad de adaptación

Existe, además, una cuestión de confianza. Resulta interesante que los mismos jóvenes españoles que expresan un compromiso elevado con la igualdad de oportunidades y la solidaridad presenten niveles bastante más modestos de confianza institucional. En la Encuesta Social Europea, su confianza media en los políticos se sitúa alrededor de 3,4 sobre 10 y la confianza en el Parlamento nacional no alcanza el 5.

“Los mismos jóvenes españoles que expresan un compromiso elevado con la igualdad de oportunidades y la solidaridad presenten niveles bastante más modestos de confianza institucional”

Esta es una combinación crítica: valores solidarios junto a una confianza institucional relativamente débil. Parte de la tensión podría encontrarse no tanto en los objetivos del Estado del bienestar como en la percepción sobre las instituciones encargadas de hacerlos efectivos.

Las personas no construimos nuestra opinión sobre las políticas sociales exclusivamente a partir de estadísticas. Para ello utilizamos relatos, narrativas en palabras del premio Nobel de Economía Robert Shiller, que nos ayudan a interpretar una realidad compleja: quién paga, quién recibe, qué generaciones están más protegidas, quién soporta los costes o hasta qué punto las reglas son iguales para todos.

Restaurar podría significar, por ello, reforzar la credibilidad del pacto, hacer más visibles sus resultados, explicar mejor cómo se distribuyen esfuerzos y beneficios y ofrecer espacios para que las nuevas generaciones participen en su evolución.

Finalmente, restaurar requiere adaptación. La resiliencia del Estado del bienestar no debería confundirse con su capacidad para permanecer inalterado. Es posible que una parte de su fortaleza histórica proceda precisamente de su capacidad para responder a circunstancias diferentes.

“La resiliencia del Estado del bienestar no debería confundirse con su capacidad para permanecer inalterado”

Esto supondría mantener la protección frente a los riesgos conocidos, pero prestar mayor atención a aquellos que pesan especialmente sobre los jóvenes. La vivienda constituye probablemente el ejemplo más visible, pero también están la formación a lo largo de la vida, las transiciones entre empleos, la adaptación a la automatización o la conciliación.

Quizá por ello la discusión sobre el futuro debería ir algo más allá de la habitual contraposición entre “más” o “menos” Estado del bienestar. Puede resultar más fructífero preguntarnos qué queremos preservar, qué necesitamos adaptar y qué responsabilidad estamos dispuestos a asumir para sostenerlo.

Restaurar el Estado del bienestar para una generación diferente no consistiría, por tanto, en recuperar el que tuvimos ni únicamente en ofrecer nuevas formas de protección. Su vigencia puede depender también de que quienes deben sostenerlo en las próximas décadas comprendan sus principios, perciban su eficacia, encuentren en él respuesta a sus riesgos y asuman su parte de responsabilidad en el pacto que lo hace posible.

Natalie Foster

I’m a political writer focused on making complex issues clear, accessible, and worth engaging with. From local dynamics to national debates, I aim to connect facts with context so readers can form their own informed views. I believe strong journalism should challenge, question, and open space for thoughtful discussion rather than amplify noise.